El ámbar conserva una cola de dinosaurio de 99 millones de años

Paseando por el mercado de ámbar de Myitkyina, en Birmania, en 2015, Lida Xing encontró un objeto que llamó su atención. "Me di cuenta de que contenía un animal vertebrado, probablemente un terópodo, y no una planta, como se pensaba", recuerda el paleontólogo chino. Cuando lo estudiaron, comprobaron que se trataba de una cola de un dinosaurio petrificada que conserva varias vértebras y el plumaje. Según detallan esta semana en un estudio publicado en la revista Current Biology, se trata de un dinosaurio carnívoro que vivió hace 99 millones de años en el territorio que hoy es Birmania.

"Desde 2013, mis colegas y yo regularmente visitamos mercados de ámbar en Myitkyina y Tengchong, en China, y sugerimos al Instituto Dexu de Paleontología (DIP) que comenzara a hacer compras a través de compañías joyeras locales", explica el científico chino a EL MUNDO. Y es que el ámbar actúa como una especie de cápsula del tiempo que ha permitido que lleguen a nuestros días restos de plantas y animales que vivieron hace millones de años.

"Las condiciones del ámbar para conservar magníficos ejemplares de seres vivos son legendarias y buena parte de la biodiversidad de invertebrados que convivieron con los dinosaurios se conoce gracias a su fosilización en el interior de esta resina. Menos común es el caso de los vertebrados. Y encerrar un dinosaurio en unas gotas de resina parece una paradoja", relata el palentólogo español Luis Alcalá, director de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinopolis. 

 

Reconstrucción del aspecto de un pequeño celurosaurio. Chung-tat Cheung/ Yi Liu

Reconstrucción del aspecto de un pequeño celurosaurio. Chung-tat Cheung/ Yi Liu

En la pieza de ámbar quedaron atrapadas también dos hormigas de una familia ya extinta denominada Sphecomyrminae, según explica Xing a través de un correo electrónico.

Aunque no es la primera vez que se encuentran plumas atrapadas en ámbar, con otros especímenes hallados anteriormente había habido dificultades para vincular su pertenencia a un animal en concreto.

El fragmento conserva ocho vértebras de un ejemplar de dinosaurio joven, recubiertas de plumas. La cola era larga y flexible, según los autores, que no tienen dudas de que pertenecía a un dinosaurio y no a un ave prehistórica.

"Se trata de un fragmento de cola -de unos 3,5 centímetros de longitud- perteneciente seguramente a un individuo juvenil del grupo de los celurosaurios", afirma Alcalá, que supo de ese descubrimiento a primeros de noviembre del año pasado a través del paleontólogo chino: "Cuando mi amigo Lida Xing me comentó este hallazgo en Yanqing le contesté, "¡pues qué pequeño es el dinosaurio o qué grande es el pedazo de ámbar!".

Para realizar su investigación, hicieron un TAC a la cola y observaciones con microscopios, así como un análisis de su composición química: "Aunque los investigadores no han observado melanosomas, aprecian una coloración que sugiere una tonalidad castaño oscuro en la parte dorsal del plumaje que contrasta con otra más pálida, casi blanca, en la parte ventral. Además, los análisis químicos han detectado la presencia de goethita y de hierro de origen biogénico, lo que sugiere un origen derivado de la descomposición de hemoglobina de la sangre atrapada en el ámbar", dice Alcalá.

 

Recreación artística de un celurosaurio cazando.

Recreación artística de un celurosaurio cazando.

Respecto al ecosistema en el que debió vivir este animal, Xing señala que, "a pesar de que el entorno del norte de Birmania durante el Cretácico medio no ha sido muy estudiado, basándose en los contenidos atrapados en el ámbar, se cree que fue una selva tropical con árboles similares a una especie llamada Kauri".

Lida Xing ha seguido haciendo adquisiciones interesantes en los mercados de ámbar. Una de las últimas, encontrada también en Myitkyina, ha originado una investigación sobre las primeras alas de aves que publicaron el pasado mes de junio en Nature Communications

En España, recuerda Alcalá, también "se han documentado desde hace años plumas de dinosaurios -probablemente avianos- en el ámbar de Teruel y de Álava, de una antigüedad similar a la del descubrimiento de Birmania. La novedad que ahora se presenta consiste en la asociación de las plumas con los huesos en ámbar, con el aliciente de que la conservación tridimensional de las plumas permite apreciar sus características morfológicas y su disposición en la cola(como, por ejemplo, el importante papel de barbas y bárbulas en la evolución de las plumas). Por otra parte, también cabe destacar que las plumas no pertenecieron a aves, sino a dinosaurios no avianos", apunta.

El paleontólogo español cree que "el yacimiento birmano, del que proceden ya varios fósiles de plumas así como restos de otros vertebrados, ayudará a esclarecer ciertas claves de la evolución de los vertebrados de hace unos 100 millones de años a través de fósiles excepcionalmente conservados".